La brecha digital entre las zonas urbanas y rurales se hace cada vez más extensa. Mientras que en las zonas urbanas el acceso a tecnología y redes es menos complejo, en las zonas rurales la complicación se extiende, pues no sólo está relacionada con la infraestructura, pues también tiene mucha complejidad el acceso a dispositivos.

La Universidad de Costa Rica (UCR) creó el Índice de Pobreza Digital (IPD), un amplio estudio que toma fuentes de información oficial para advertir que es una realidad que en siete de cada diez hogares existe y, lo más grave, está en las zonas rurales, donde es más profunda.

La investigación buscó identificar el nivel pobreza digital hogareña de Costa Rica y cruzó indicadores oficiales, como la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) y la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO). En ella se analizaron  diferentes dimensiones, como el acceso, el uso y el gesto en servicios de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), para hacer una foto del estado de situación y orientar la toma de decisiones y el desarrollo de políticas públicas al respecto.

Con esa base, construyó el IPD y lo ofrece como una herramienta valiosa para visibilizar las desigualdades en el acceso y uso de la tecnología con el objetivo de recomendar al Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) incorporar este índice (específicamente la versión basada en la ENAHO) como indicador de referencia para el monitoreo de la pobreza digital local.

Que el IPD promedio estimado es del 67,3 según los datos de la ENIGH y del 65,9 según la ENAHO. Que según la segmentación de hogares, los indicadores de la ENIGH reflejaron que el 55,9% de las familias son pobres digitales, frente al 44,1% que no lo son. Que la pobreza digital se profundiza según la ubicación geográfica, que alcanza el 70% en la zona rural, frente al 50,4% de la urbana, según ENIGH; y que la Región Central presenta los niveles más bajos de pobreza digital.

Al momento de caracterizar la pobreza digital, el estudio determinó que está fuertemente asociada al nivel educativo, la actividad y la edad. Es estructural. Al mirar la formación, identificó que cuando mayor es el nivel educativo del jefe de hogar, menor es la pobreza digital, pero que en el 90,4% de los casos de viviendas con jefes de hogar sin estudios, esos hogares son pobres digitales. También, que la vulnerabilidad social se incrementa si estas jefaturas están desocupadas o si son menores de 25 años o mayores de 55 años; lo obvio.

De los datos duros se extrae que ocho de cada 10 hogares no cuenta con una tablet, que el 85% no posee computadora de escritorio y que el 58% carece de computadora portátil. También, que el dispositivo más frecuente es el televisor, aunque no lo posee el 3% de los hogares.

En cuanto a los servicios, reporta que dos de cada tres hogares no tiene acceso al servicio de telefonía fija y que entre el 3% y 4% no posee una línea móvil. Y en lo que a Internet respecta, los datos oficiales discrepan entre la ENIGH, que señala al 22,5% sin servicio; y la ENAHO que lleva al porcentaje hasta el 26,8%.

Aunque el país se ubicó en un grupo de élite digital regional en lo que a gov tech respecta, enfrenta grandes desafíos de resiliencia y de alfabetización poblacional, que el IPD complementa al mostrar que un hogar puede tener un celular (y con esto garantizar el acceso), pero no abandonar su condición de pobreza digital porque carece de las habilidades o de los dispositivos adecuados para acceder al uso de servicios como de teletrabajo o de educación.

Asi, este estudio de UCR aporta la métrica científica que explica las desigualdades estructurales que aún persisten en los hogares costarricenses.

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