A pesar de que la ciberdelincuencia no descansa, en el último año se ha reducido el número de ataques vía Ransomware, lo que no da indicativos de una merma en las intenciones, sino en la diversificación de las herramientas y estrategias para penetrar entornos empresariales y en la captura de un grupo clave llamado los Phobos.
Según datos de Kaspersky 2025, en los últimos 12 meses, entre agosto de 2024 y junio de 2025, la región llegó a registrar más de 1,1 millones de intentos de vulneración de sus sistemas de seguridad empresarial, con Brasil liderando el ranking con cera del 50% de todos los intentos, es decir que sólo esa nación obtuvo unos 549 mil intentos de penetración de sistemas informáticos
En promedio, la región recibió en el último años unos tres mil ataques por día, con un promedio de 2 por minuto. Después de Brasil se situó México con unos 237 mii ataques en el año, Chile con 43 mil, Ecuador con 37 mil y Colombia con unos 35 mil, conformando el top 5 de países más afectados por esta ciberamenaza.
En el caso de Centroamérica y El Caribe los datos son significativos, pues Panamá reportó 22 mil intentos de ataques de ransomware, El Salvador 15 mil, Costa Rica 7.8 mil, República Dominicana 2.7 mil, mientras que Guatemala mil 200.
Uno de los motivos de la caída en los ataques de ransomware en la región ha sido la detención del grupo cibercriminal Phobos. Durante la operación policial se interceptaron más de 100 servidores que formaban parte de la red criminal desmantelando su infraestructura.
Este grupo era responsable de una de las familias de ransomware más activas, que figuraba entre las cinco que más afectaban a usuarios en América Latina, alcanzando al 4.44% de las organizaciones de la región.
Los ataques de ransomware ya han llevado a compañías centenarias a cerrar sus puertas y han hecho que empresas de salud, por ejemplo, quiebren tras filtraciones masivas de datos, comprometiendo información sensible y la confianza del público.
Por eso es importante tener los sistemas siempre actualizados y dejar de pensar en la seguridad como un gasto y comenzar a repensarla como una inversión para mitigar el riesgo de ser víctima de un ataque que puede condenar el futuro de una empresa.





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