A medida que pasan los días, las esperanzas de una disminución real y profunda del encaje legal, desde hace tiempo en 73%, que permita a la banca local retomar el camino de la intermedicación financiera se reducen, en un entorno en donde la transaccionalidad del sistema es lo que pareciera darles respiro, mientras los comercios, empresas y, por supuesto, el consumidor final, padecen las consecuencias.
Los recientes ajustes en las comisiones bancarias por parte del Banco Central de Venezuela confirman la tesis de que la banca en el país sigue siendo meramente transaccional y con muy poca intermediación.
El reciente aumento de los mínimos que cobra la banca en transacciones financieras, de Bs. 2 a Bs.14 para cualquier proceso, incluyendo reverso o rechazo de operaciones, que pareciera irrisorio, se convierte en una primera alcabala monetaria en la cadena, pues el cliente, sea natural o jurídico, termina pagando al sistema con sólo hacer el mínimo movimiento de su cuenta bancaria.
A ello debe sumarse el rosario de comisiones adicionales, iniciando el pago móvil, que fue una solución al efectivo y que hoy usa la mayoría de clientes bancarios, pero que por sólo su uso el cliente termina pagando al banco 0,30% del monto por transacción entre personas naturales y hasta 2% si el pago es a un comercio. Todo forma parte de un sistema que se instauró en el país hace tiempo y que termina perjudicando a todos, incluyendo al propio sistema financiero.
En el caso del comercio, éste tiene que pagar una comisión de hasta el 2% de lo recaudado al banco, lo que termina obligándolo a incrementar el precio de sus productos o servicios, siendo el cliente final el que termina pagando. Es por ello que muchos comercios prefieren recibir el pago móvil como persona natural, impulsando la evasión de la comisión bancaria y, por supuesto, la fiscal.
Es pocas palabras, si un usuario paga Bs.1000 en un producto, usando un pago móvil, el banco recibirá el 0.30% del pago que hizo el usuario, unos Bs. 3, pero adicionalmente, el banco le cargará al comercio hasta el 2% por esa transacción, es decir unos Bs.20, lo que obliga al comerciante a incrementar el costo final de los productos o servicios que ofrece.
Y si ese cliente paga con una tarjeta de crédito, el comercio tendrá que dejarle al banco hasta el 3% por el uso del plástico, hasta el 2% en pagos con débito, lo que desincentiva a cualquiera a establecer promociones y baja de precios en sus productos y servicios, entre otros.
Desde hace años la banca en Venezuela dejó de ser un canal de intermediación financiera y se convirtió en un ente netamente transaccional, donde el número de operaciones que se hacen en el país a diario, que son millones, es lo que le permite sostenerse.
Y en un entorno donde el encaje legal, el alma financiera de un país, sigue restringido, a la banca sólo le queda cobrarle al cliente, con anuencia del BCV, tanto al que dispone de sus mecanismos de pago como al que ofrece la alternativa, desde un porcentaje por cada transacción con pago móvil, hasta una simple transferencia y, en el caso del comercio, pagar por cada uso del punto de venta.
El más reciente ajuste de las comisiones del BCV genera una nueva incertidumbre a los comercios, pues ahora tendrán que pagar cerca de un 100% más al cambio oficial por el equipo rentado por el proveedor financiero.
En noviembre pasado, cuando entró en vigencia la última actualización del BCV, el servicio del punto de venta había quedado en unos Bs.3521, 60 ($14), que fueron cayendo hasta la semana pasada, cuando ese mismo monto representaba unos $,469 por mes, porque está anclado a bolívares.
El ajuste reciente, que si bien es cierto está en bolívares y se devaluará rapidamente, arranca en unos 30 dólares, con un incremento de poco más de 100% con respecto al último ajuste de noviembre pasado (entró en vigencia el 5 de noviembre pero el ajuste se hizo en septiembre 2025), y de más de 60% al valor del día de hoy.
El resto de comisiones bancarias, aunque quedaron prácticamente igual, buscan servir a la banca para su mantenimiento, en un entorno en donde su base principal, la intermediación, está cada día más lejana y tienen que sostener parte del sistema con mecanismos netamente transaccionales.
Y es por esa razón que la banca hoy día está en el negocio de recargas móviles, pagos de servicios básicos y de telecomunicaciones, portales de pago, áreas financieras que no son su corazón de negocios, pero que necesitan impulsar esos valores para incrementar el ingreso que les ayude a cubrir sus necesidades.
Pero al final del día, la banca hoy no termina de medir si estar en esos segmentos transaccionales es realmente benefocioso para ellas, pues ocupan tiempo de sus infraestructuras, equipos IT, entre otros.
Y si bien es cierto que la tecnología requiere de inversiones, también es cierto que las integraciones de la banca con algunos procesos y pasarelas de pago para obtener un ingreso adicional, crear una API con esquemas robustos de seguridad, entre otros, pueden terminar costándoles más que el propio ingreso por cada operación.
Pero la composición actual del sistema llevó a la banca a reestructurar su sobrevivencia y la transaccionalidad es, por ahora, lo que trae la estabilidad.




Leave a comment