Todo parecía perfecto. Netflix había alcanzado un acuerdo con Warner Bros Discovery para hacerse de los activos cinematográficos y de Streaming del gigante por unos 82 mil millones de dólares, ganando la batalla a Paramount que, días atrás, había perdido una opción de compra al ofrecer por la empresa matriz de Friends unos 42 mil millones de dólares.

Pero Paramount no se dio por vencido y en una jugada agresiva lanzó una OPA por las acciones de Warner, ofreciendo a los directivos 108 mil millones de dólares por los activos de la empresa, unos 30 dólares por acción, rompiendo así la tranquilidad previa acordada entre Netflix y WBD.

En la mesa quedan las dos opciones, un regulador que tiene que tomar dos decisiones y una lucha campal entre dos gigantes, uno de Streaming y otro tradicional, para hacerse de una de las empresas más importantes de la industria del entretenimiento mundial.

La OPA de Paramount espera por una decisión de la directiva de WBD, que tiene hasta el ocho de enero del próximo año para tomar acción, mientras que Netflix sigue confiando en que su acuerdo está blindado y que sóllo espera por los reguladores para hacerse de la empresa.

Cualquiera que sea la decisión de WBD, será de dimensiones históricas para el mundo del entretenimiento, sobre todo por la apuesta de las plataformas de Streaming, como Netflix, de comenzar a almacenar los grandes clásicos y películas del cine para sus audiencias, buscando así consolidar una oferta de contenidos amplia, que impulse a sus audiencias a permanecer más tiempo en la pantalla y no distraerse buscando títulos en otras plataformas, entre otros.

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