Desde mediados del 2025 se viene hablando de la burbuja de la Inteligencia Artifiical, con especialistas pronosticando una crisis para diciembre del 2026 que no pareciera real, pero que sigue latente.
Quizás no será este año, pero la burbuja que se ha creado en torno a la IA, así como la desenfrenada construcción de Centros de Datos para albergar los servicios de los grandes proveedores, están llevando a la banca, que asume el riesgo de los préstamos, a estructurar papeles de deuda y dejar que otro asuma el colapso si llega a explotar la burbuja.
Un interesante trabajo del Financial Times describe una realidad que pocos están mirando: el costo de un Data Center es muy alto para que un banco lo financie en su totalidad, pues el peligro está en colocar allí miles de millones de dólares sin tener la certeza de que su tecnología, innovación, entre otros, durará más de dos años.
Y es con la acelerada construcción y desarrollo de procesadores por parte de Nvidia, el más novedoso Data Center queda obsoleto en menos de 12 meses, lo que genera de una vez la incertidumbre del futuro de un monstruo de miles de millones de dólares, arrendado por un gigante como Microsoft, pero sin la garantía de que el alquiler será eterno.
Es por ello que la banca se ideó lo mismo que en el 2008 llevó al estallido de la burbuja inmobiliaria con los préstamos de alto riesgo de la época dorada 2004-2006, los famos SubPrime.
Pero en esta ocasión, están metiendo en el mismo paquete algo sagrado, los sistemas de pensiones. ¿Cómo así? El reportaje del FT destaca que los grandes financieros de Estados Unidos, entre ellos JP MOrgan, SMBC y Morgan Stanley, peligro de un impago a un tercero a cambio de pagar una prima por ello cada cierto tiempo. Con ello, libera los fondos que el regulador les retiene para garantizar el préstamo y, con ese dinero, sigue financiando otras cosas o, quizás más centros de datos.
Para el banco es maravilloso, pues retiene el préstamo en sus balance y paga a un inversionista externo para asuma las pérdidas si el proyecto sale mal.
Además de esta vía, la banca se ideó un par adicionales. La primera tiene que ver con los Vehículos de Propósito Especial, que no es otra cosa que la fundación de una sociedad alterna al Banco, que se convierte en el propietario, en este caso del centro de datos y se endeuda por su cuenta. Si ocurre algo, todo va en contra de la sociedad y no de la matriz financiera.
La tercera vía y es a la que apuntan desde ya es el pequeño inversionista y el mercado público. En este punto están los fondos de pensiones y las aseguradoras como compradores naturales. El interés de éstos por contar con activos “estables y de bajo riesgo”, los lleva a hacerse de grandes cantidades de papeles bajo estas características.
Los grandes venden el paquete a los inversores como seguro porque el inquilino del centro de datos que están financiando es un Microsoft, Google, etc, pero no porque el edificio tenga realmente el valor que dice el papel.
Además, nadie garantiza que cuando el grande se mude a uno mejor, aunque el contrato sea por una década, reciban a otro que pague lo mismo y contribuya con terminar la deuda. Y es que, según el FT, aunque algunos contratos se han firmado, el tiempo de éstos no alcanza para que el constructor del Data Center termine de pagar la deuda contraída con el banco, lo que pone en riesgo el interés del inversionista cuando estudia, más allá del trending de la IA, lo que realmente puede pasar.
Algunos creen que la comparación con los Subprime es exagerada y que, a diferencia de éstos, aquí son grandes empresas apostando por pagar el alquiler de un monstruo, sin saber si en dos años puede quedar obsoleto.
Y es que nadie sabe cuánto costará el activo en una década, sobre todo porque lo que tiene adentro es tecnología que deja de ser innovadora muy rápido y pasa a la obsolescencia, la solvencia está anclada sobre quien alquila y no sobre el valor real del inmueble y, por último, el riesgo lo asume un fondo, tercero y no la banca.
Por ahora sólo una vertical vinculada comienza a desistir, las aseguradoras, que no quieren asumir el riesgo de una prima de seguros por un valor de 10 mil millones de dólares, por muy maravilloso que les parezca.
Si quieren, lean el artículo en el Financial Times




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