La tragedia de hace un par de semanas en Colombia impulsó, de inmediato, que el Gobierno se pusiera a trabajar en un sistema para, por lo menos, alertar a su población de un evento natural complejo, usando los teléfonos móviles y los medios de comunicación, los canales más rápidos para poder informar a la población.
Así, el Senado impulsa un Sistema Nacional de Alerta Sísmica Temprana, una herramienta de prevención que permitiría enviar advertencias a los teléfonos celulares de la población cuando se detecte un sismo potencialmente peligroso.
La intención está en que las alertas sean universales, gratuitas y no dependan de un modelo de teléfono, un operador móvil, el saldo de cada persona ni el plan de datos con el que cuenta.
La propuesta también contempla la participación de medios como radio y televisión, que podrían interrumpir automáticamente su programación para transmitir la alerta y las instrucciones de protección.
El proyecto parte de que, aunque Colombia cuenta con mecanismos para detectar los movimientos telúricos, actualmente no existe un sistema nacional único que convierta esa información en una alerta celular para la población.
Aunque los sismos no se pueden predecir, la tecnología sí puede avisar segundos antes que son valiosos para salvar vidas y si es es así, entonces deben tomarse medidas para informar.
Si en el instante en que ocurre se puede alertar, entonces hay que hacer el esfuerzo para avisar que las ondas destructivas vienen antes de llegar a las ciudades principales”, destaca el proyecto impulsado por el partido Liberal de Colombia.
Es importante, por supuesto, comentar que un sistema de alerta temprana no anticipa cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí detecta sus primeras ondas cuando el movimiento ya comenzó, calcula rápidamente parámetros como su intensidad y ubicación y, cuando se cumplen determinados criterios, envía una señal a las zonas que todavía no han recibido las ondas más destructivas.
El Servicio Geológico Colombiano ya detecta los sismos, pero falta establecer el mecanismo que permita convertir esa información en una alerta inmediata para la ciudadanía a través de los teléfonos celulares. La propuesta busca precisamente conectar esa capacidad científica con las redes de telecomunicaciones para que el aviso pueda llegar de manera masiva.
Colombia no tendría que partir de cero, pues México cuenta desde 1991 con un sistema de alerta sísmica. Actualmente, en el país opera el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), considerado uno de los sistemas pioneros de este tipo en el mundo.
El modelo mexicano es operado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico y utiliza una red de sensores instalados en zonas de alta peligrosidad sísmica. Cuando los sensores detectan un movimiento, el sistema analiza en los primeros segundos la energía y otros parámetros del sismo y determina si las características del evento justifican activar la alerta en determinadas ciudades.
La ventaja está en la velocidad. Las señales de comunicación utilizadas para distribuir la alerta viajan más rápido que las ondas sísmicas que pueden causar daños, por lo que las poblaciones ubicadas a cierta distancia del epicentro pueden recibir el aviso antes de que lleguen las ondas más fuertes.
Actualmente, el sistema cuenta con 96 sensores y cubre zonas sísmicamente activas de la costa del Pacífico mexicano, desde Jalisco hasta Oaxaca, además de regiones de Guerrero, Michoacán y Puebla. Sus alertas se difunden en ciudades como Ciudad de México, Oaxaca, Puebla, Morelia, Acapulco, Chilpancingo, Toluca, Cuernavaca y Colima.
El reto, por tanto, no consiste solamente en instalar sensores. Requeriría construir una cadena tecnológica e institucional que conecte la detección científica del terremoto con los operadores de telecomunicaciones, los dispositivos de los usuarios y otros medios de difusión.
Sin embargo, el proyecto deberá considerar una limitación importante en el país y es que no todas las ciudades pueden recibir una alerta antes de un terremoto. Si una población se encuentra demasiado cerca del epicentro, las ondas sísmicas pueden llegar prácticamente al mismo tiempo que la alerta.
Por eso, el valor del sistema aumenta con la distancia entre el punto donde se origina el sismo y las poblaciones que pueden verse afectadas.
La experiencia de México demuestra que estos sistemas pueden convertirse en una herramienta de prevención de gran escala, pero también que su efectividad depende de la cobertura de sensores, la velocidad de procesamiento y comunicación, los canales de difusión y, especialmente, de que la población sepa qué hacer durante los segundos que la tecnología consigue ganar.
Con información de DPLnews.com





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