El norteamericano Noland Arbaugh se convirtió en el primer ser humano en poseer un chip de Neuralink que le permite controlar una computadora sólo con sus pensamientos.

Hace unos 10 años, Noland quedó paralizado, pero eso no lo amilanó y cuando conoció de lo que estaban desarrollando en la empresa de Elon Musk se inscribió en un programa de pruebas, sin saber que finalmente sería elegido.

De esta manera fue uno de los primeros en probar Neuralink, el proyecto que desarrolla interfaces cerebro-computadora implantables para conectar el cerebro humano con dispositivos electrónicos.

Su salud y agudeza mental lo convirtieron en el pionero de esta tecnología experimental. En el World Governments Summit 2026, llevado a cabo esta semana, Noland narró su historia y el cómo convive con un cerebro computarizado.

El funcionamiento del dispositivo consiste en un chip implantado en su cráneo que cuenta con 64 hilos, cada uno con 16 electrodos. Estos fueron colocados específicamente en la corteza motora del lado izquierdo de su cerebro, el área que se correlaciona con el movimiento de su mano derecha.

Aunque físicamente no puede moverse, las señales cerebrales siguen presentes; el implante de Neuralink lee esa actividad, permitiéndole controlar una computadora únicamente con sus pensamientos, algo que se confirmó mediante resonancias magnéticas funcionales.

El impacto inmediato en su calidad de vida fue la recuperación de antiguas pasiones, comenzando por los videojuegos, una actividad que había disfrutado antes de su accidente y que pudo retomar durante horas tras recibir el control total del implante. Sin embargo, Arbaugh rápidamente buscó ir más allá del entretenimiento, utilizando la tecnología para reconectarse con el mundo exterior.

El joven contó que a través del acceso a redes sociales, mensajes de texto y correos electrónicos, pudo volver a gestionar su agenda y comunicarse fluidamente con amigos, familiares y medios de comunicación.

Noland también aseguró que su ambición lo llevó a retomar su educación formal, un desafío que había quedado inconcluso tras su lesión. El semestre pasado regresó a la universidad para estudiar Neurociencia, un campo que ahora le toca muy de cerca.

Noland se muestra optimista sobre la evolución de esta tecnología, pues cree firmemente que en un plazo de 10 a 20 años, mediante la comunicación entre implantes cerebrales y espinales, será posible que personas con lesiones de médula espinal vuelvan a caminar.

A corto plazo, su entusiasmo se centra en la capacidad de controlar su entorno mediante la conexión Bluetooth de Neuralink, esperando manejar pronto desde dispositivos domésticos compatibles con Alexa hasta su propia silla de ruedas eléctrica.

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