Cuando arranque el  Mundial de Fútbol FIFA 2026, México, Estados Unidos y Canadá tendrán que estar preparadas, no sólo para los gritos de gol y las celebraciones de miles en sus países, sino que, además, tendrán que estar preparados para recibir a millones que demandarán algo más que un espectáculo deportivo y que esperarán movilidad eficiente, hospedaje flexible y experiencias gastronómicas al alcance de un click, entre otras.

Aunque se sabe que EEUU y Canadá deben estar tranquilos con ello, en el caso de México es diferente, pues ese terreno, el de servicios, no está muy bien desarrollado en ningún país de la región y los que pudieran dar un giro a la tortilla son las plataformas digitales de transporte, delivery y hospedaje, entre otras, que se perfilan como la infraestructuras invisible pero decisiva para el éxito del torneo más allá de las canchas.

El mundial es uno de los eventos deportivos más importantes del planeta y en cuanto a servicios es, quizás, uno de los de mayor logística por el tiempo de duración, unos 30 días en total, pues independientemente de las sedes y en esta ocasión la unión de tres países para ello, la demanda sigue siendo importante.

Es allí donde los servicios digitales tendrán un gran reto, sobre todo en México, donde todavía las aplicaciones de servicios en total no cuentan con la misma capacidad de mercados maduros como Estados Unidos o Canadá.

Y es que miles de turistas y ciudadanos de otros Estados del país que se muevan de una ciudad a otras, además de los locales de cada una de ellas, demandarán servicios de hospedaje, transporte y gastronomía, entre otros, que pondrán a pruebas a las apps de servicios y, por supuesto, a la movilidad, tanto en delivery como en transporte como tal.

Para sólamente extraer un dato. En las Olímpiadas de París 2024, Airbnb reportó que las noches reservadas en la región parisina fueron más de cinco veces superiores respecto al año anterior. El fenómeno trascendió los límites de la capital y llegó hasta suburbios como Saint-Denis o ciudades como Marsella y Burdeos, que recibieron miles de visitantes gracias a competencias específicas. El resultado fue un impacto económico cercano a mil millones de euros y la creación de más de siete mil empleos, solo en ese tiempo.

El caso de México no es la excepción. Un país con más de 130 millones de habitantes, a los que deben sumarse los que asistirán al mundial, también tiene que lidiar con su propia crisis interna, pues el país está envuelto en este momento en una preocupante situación de inseguridad por la reciente intervención militar que acabó con la vida de uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, el denominado Mencho, lo que podría ser una piedra de tranca en las aspiraciones de convertirse en ese líder de servicios regionales al demostran que tiene la capacidad de atender a los miles que comienzan a buscar desde alojamiento hasta sitios de entretenimiento. A ello debe sumarles mucha seguridad. Y quién mejor que las aplicaciones para ello.

Según un estudio de Airbnb, las estancias en la plataforma podrían aportar hasta tres mil 600 millones de dólares a las ciudades sede del mundial en 2026 y generar el equivalente a 34 mil empleos en toda Norteamérica.

En México, se estima que aproximadamente 591 mil turistas requerirán alojamiento en sus visitas a las 3 ciudades anfitrionas y, de ellos, 90 mil personas van a hacer sus reservaciones por medio de Airbnb, gastando unos 169 millones de dólares durante el evento. 

La dinámica económica se traducirá no sólo en los ingresos para los anfitriones locales o las plataforma en sí mismas, sino también en otros ámbitos como la generación de empleos en los comercios, restaurantes y el transporte, dado que los eventos masivos generan un efecto en cadena.

La movilidad urbana será otro de los grandes retos ante la afluencia de visitantes, que no sólo se desplazarán desde sus alojamientos a los estadios, sino también hacia restaurantes, lugares turísticos, museos, bares o puntos emblemáticos para conocer las ciudades.

Sólo en la Zona Metropolitana del Valle de México, se realizan más de 6,6 millones de viajes en automóvil cada día, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Y el sistema de transporte de pasajeros presta servicios a 99,7 millones de personas durante en la Ciudad de México.

A esa cantidad de viajes se sumarán los recorridos de asistentes y visitantes en el Mundial 2026, por lo que garantizar que exista una oferta diversa y complementaria disponible será clave tanto en las ciudades anfitrionas como en otras partes del país donde se espera un mayor impacto en el turismo.

Por ejemplo la empresa DiDi ya se está preparando para la demanda extraordinaria que se espera en la Copa Mundial de Futbol. Viene trabajando con herramientas de planeación y tecnología para garantizar que haya suficiente disponibilidad de conductores y repartidores para atender a los usuarios sin afectar la calidad del servicio.

El beneficio no será sólo para los usuarios. Conductores, repartidores y restaurantes podrán aprovechar la demanda extraordinaria como una fuente de ingresos adicionales, .

Pese a su relevancia en el ecosistema digital, la operación de plataformas digitales en México enfrenta un terreno regulatorio complejo. En muchos aeropuertos del país, no se permite que los conductores de plataformas digitales, como Uber o DiDi, entren a recoger pasajeros que han solicitado sus servicios.

Las autoridades federales restringen el funcionamiento de las aplicaciones en los aeródromos, debido a los continuos reclamos de los taxis oficiales que se oponen a las plataformas.

Además, cada ciudad ha establecido reglas distintas para transporte, reparto y hospedaje digital, lo que genera incertidumbre en vísperas de un evento de escala mundial como el Mundial 2026.

En países como Francia, España o Estados Unidos, los grandes eventos deportivos han impulsado la creación de acuerdos específicos entre autoridades, aeropuertos y plataformas digitales, lo que permite ordenar la operación sin prohibirla.

México, en cambio, sigue sin un marco uniforme que garantice certeza jurídica y condiciones parejas para todos los jugadores del ecosistema.

Por otro lado, hay un intenso debate sobre plataformas de alojamiento como Airbnb. Vecinos y colectivos denuncian que la expansión de Airbnb ha encarecido rentas y reducido la vivienda disponible en algunas ciudades, mientras los hoteles argumentan una competencia con menores cargas regulatorias.

Frente a estos cuestionamientos, han surgido regulaciones para limitar el alojamiento de corta estancia. En la Ciudad de México, el Congreso aprobó que los inmuebles registrados en Airbnb sólo pueden ser reservados seis meses al año o no más de 182 noches. Y en Jalisco, también se discuten proyectos de ley para determinar un tope de alojamiento.

De cara al Mundial, la necesidad de sentar reglas claras y equilibradas amenaza con convertirse en un cuello de botella. La llegada de millones de visitantes exigirá soluciones de transporte y hospedaje que van más allá de lo que pueden cubrir los servicios tradicionales.

Sin una política regulatoria más moderna e incluyente, México corre el riesgo de enviar al mundo un mensaje contradictorio: un país que busca mostrarse como anfitrión innovador, pero que mantiene restricciones a servicios digitales que ya son estándar global.

Cuando termine el silbatazo final, quedará el recuerdo de los partidos, pero también un legado digital y económico. Las plataformas que hoy mueven personas, comidas y experiencias habrán demostrado que son tan esenciales como el balón en la cancha.

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