El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cumplió el primer año de su segundo mandato y en tan sólo 12 meses ha transformado, de forma radical, una serie de áreas claves que, hasta no hace mucho, parecían ser el gran terreno de China y otros países.

La nueva guerra fría pero en IT, como algunos le llaman, le ha dado a Estados Unidos una ventaja que apenas se percibe. En el caso del mercado de semiconductores, donde Estados Unidos había pérdido el liderazgo hace tiempo, Trump vuelve a buscar recuperarlo invirtiendo como Estado en Intel para rescatarla de la tragedia, así como también impulsó que otros grandes como Nvidia dejaran la innovación exclusiva para Estados Unidos y así sacar ventaja al resto del mundo en innovación, especialmente a China.

En este segundo periodo, Trump regresó para catapultar a Estados Unidos con la bandera del gigante tecnológico que estaba perdiendo con el paso de los años, pues si bien es cierto que en servicios y software sigue siendo el líder, en áreas claves de fabricación estaba perdiendo la batalla con Koreanos, Taiwaneses e incluso Chinos.

Su alianza con Microsoft, Intel, Google, Amazon, X, Apple y Nvidia, sólo por mencionar algunas, que se rindieron ante su objetivo de hacer a EEUU grande otra vez en innovación y tecnología, le permitió a Trump adquirir el 9% de Intel, en un intento por salvar realmente a la empresa en vez de subsidiarla sin formar parte. Con ello cambió el escenario en ese mercado.

Y es que con ese sólo impulso dejó en claro que la infraestructura de semiconductores es ahora un activo que no puede tocarse y, para fortalecerlo, impuso que toda la innovación se quede en casa, generando escollos en el mundo, especialmente en China, donde limitó la venta de los procesadores más avanzados de Nvdia para IA, dejando que sólo comercie los modelos anteriores. Esta decisión obliga a China a plantearse su propio desarrollo, pero tardará años en lograrlo y, en ese tiempo, EEUU ampliará su liderazgo.

La relación con Sillicon Valley cambió también de forma radical, con un Trump pujando porque la investigación y desarrollo tecnológico se realice 100% en Estados Unidos, incluso obligó algunos proyectos de grandes fabricantes a migrar a suelo norteamericano y abandonar las pretensiones en otros países como India, México e incluso la propia China.

En el terreno del usuario final, terminó ganando la batalla a TikTok y hace una semana la compañía pasó a manos de un equipo de empresas y capitales liderados por Oracle, quedando ByteDance con apenas un 18% de las acciones y sin ningún poder.

Pero ese apoyo a la industria nacional estadounidense que viene acompañado de un proteccionismo agresivo redefine las reglas del comercio global, con bloqueos y aranceles que, al final del día, se convierten en el mayor poder de la administración.

Y es que Estados Unidos siempre había sido el país con los aranceles de importación más bajos, permitiendo a miles de empresas exportar sus productos y servicios al mercado más rentable del mundo, pero el país nunca tuvo la misma reciprocidad, por lo que Trump después de analizar el porqué de sus productos no cruzan más fronteras de las que tiene, terminó entendiendo que el proteccionismo de otros le estaba haciendo daño a su propio mercado.

Así lanzó su campaña de aranceles para medir reacciones, teniendo éxito de inmediato, pues lo que el mundo pagaba en aranceles por exportar a EEUU no era, en muchos casos, ni un 10% de lo que EEUU tenía que pagar para exportar sus productos a otros mercados.

Así, los gigantes de la industria como Microsoft, Dell, HP y AWS cerraron filas en torno a la agenda de Trump, reconociendo que la dependencia de las cadenas de suministro asiáticas es una vulnerabilidad que ya no pueden permitirse.

Por eso el plan de Donald Trump con los grandes que están enfocados en el desarrollo de IA también busca profundizar en las necesidades energéticas sin afectar el consumo y el bolsillo de los norteamericanos.

Por su parte Intel se convierte en el contrapeso occidental a la manufactura asiática, buscando recuperar el liderazgo que perdió en la última década ahora bajo la estricta vigilancia de Washington.

La Administración de Trump ha dejado claro que está dispuesta a usar todas las herramientas del Estado, desde la compra de acciones hasta vetos de exportación, para garantizar que el futuro de la computación y la Inteligencia Artificial se diseñe, fabrique y controle desde Estados Unidos.

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