El apagón que afectó a varios países de Europa al mediodía de hoy 28 de abril (hora local), entre otros a España, Portugal y Francia, dejó en evidencia la falta de un plan de contingencia en las operadores de telecomunicaciones europeas y, en sí, de todo las estructuras claves de servicios, entre ellas trenes, metro, etc.

Y es que no existían los planes para estos casos, porque nunca se lo imaginaron. Las señales telefónicas no duraron más de un rato, dejando a millones incomunicados porque las celdas no tenían fuentes de respaldo o éstas, eran con capacidad mínima.

Las redes celulares no colapsaron porque la gente no podía llamar, enviar un SMS o chatear por WhatsApp, así como tampoco había conexiones a Internet, cajeros automáticos y puntos de venta. Telefónica y Vodafone activaron salas de crisis por la situación.

En miles de sitios sólo aceptaban efectivo y, aunque 57% de los españoles lo sigue usando, su fuente para obtenerlo son los cajeros automáticos y éstos estaban apagados. Los servicios de transporte vía dispositivos móviles quedaron sin servicio. Miles de Uber, Cabify y Bolt estacionados sin opciones.

En fin, el apagón en Europa desnudó la fragilidad de las telecomunicaciones, que requieren de energía para ser el soporte de innovación del mundo. El anhelo de lo analógico retumbó en la mente de millones hoy, sobre todo en cuanto a la importancia del acceso a la información.

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